–¿Sos de dar limosna cuando te piden?
–Sí padre, por supuesto.
–Está muy bien, pero: ¿mirás a los ojos del que te pide una moneda?, ¿tocás la mano del que la recibe?
–...
Desde que Jorge Bergoglio fue ungido inesperadamente como Papa el 13 de marzo de 2013 y diálogos como las que encabezan esta nota empezaron a tomar estado público (también frases como: "Quiero curas que sean pastores con olor a oveja" o "Cómo me gustaría una Iglesia pobre y para los pobres") no fueron pocos los que se asombraron. ¿Un Papa retomando los valores del Evangelio, o sea, los de Jesús? ¿Un Papa jesuita y latinoamericano combatiendo desde adentro la corrupción profunda de la Iglesia? ¿De verdad?
Por supuesto, para aquellos que profesan un anticlericalismo visceral, no hubo sorpresa que valga (la incógnita, en todo caso, fue dilucidar cómo tanta gente había caído en las "garras" de este nuevo Papa "populista" o "demagogo"). Pero para todos aquellos no practicantes o ni siquiera creyentes que no guardan ese encono original, lo que surgió es cierta expectativa ante la posibilidad de un Papa "distinto" a la vez que una curiosidad creciente: ¿de dónde salió este Papa argentino y de pasado peronista? ¿Cómo y cuál fue la labor de Bergoglio antes de llegar a la cúpula del Vaticano?
Muchas de estas preguntas y otras las responde Francisco de Buenos Aires, el documental de Miguel Rodríguez Arias que esta semana llega a las salas de cine. "Un documental político y laico", describe el realizador que consiguió testimonios de especialistas, referentes religiosos y sociales, y allegados de Bergoglio (aparecen su hermana y hasta un compañero del colegio) para cumplir con creces en la reconstrucción de una figura que asombra y genera resquemores en el statu quo mundial. Y que cuenta con un plus especial: la musicalización de Vox Dei en la formación actual de Willy Quiroga, Carlos Gardellini y Simón Quiroga.
–¿Por qué Vox Dei, Miguel?
Miguel Rodríguez Arias: –Era muy natural que los convocáramos. La Biblia debe ser el disco más vendido del rock argentino. Pero además de eso, la banda tocó en la mayoría de las catedrales del país. Y sus músicos conocieron al Papa cuando era Bergoglio.
Willy Quiroga: –Tuvimos una charla de unos pocos minutos cuando nos atendió por un show que hicimos en la Catedral, en 2001. Estuvo de acuerdo y en seguida nos pasó con el cura párroco. Ya habíamos tocado en la catedral de La Plata, en la de Avellaneda, en la de Bariloche. Era conocida nuestra relación musical con lo religioso.
–A tantos años de hacer La Biblia, aquel disco icónico del rock nacional, ¿cómo fue otra vez hacer música relacionada con lo religioso y Dios?
WQ: –Le quitaría el "otra vez" porque no fue una molestia, para nada (risas). Al principio fue una sorpresa. Porque no lo esperábamos. Pero después fue un desafío. Porque una cosa es proponerse componer un álbum con canciones diversas y otra que te llamen y te digan: "Mirá, necesitamos que hagas la música para un documental sobre el Papa." Te confieso: en un momento me pregunté si estaríamos a la altura de las circunstancias.
–¿Por qué?
WQ: –Por la magnitud de a quién estaba dedicado el documental. Pero les comenté a los muchachos y todos se entusiasmaron. Semejante tarea no era poca cosa.
–Viendo la película, da la impresión de que ya lo tenían en la mira a Bergoglio antes de que lo eligieran como Papa. ¿Fue así?
MRA: –No tanto. No lo conocíamos en profundidad. Sí lo teníamos registrado porque mi mujer Ana Provera, que es la que hace el archivo, lo venía grabando y registrando desde el '98 sin saber lo que iba a pasar después. Y sin interesarnos tanto tampoco porque la imagen que daba en los medios no se correspondía con el carisma que después conocimos de él. Antes era medio chúcaro, no daba entrevistas, hacía actividades sociales pero no las difundía. Pero resulta que en el archivo encontramos cosas muy valiosas. Sobre todo en sus homilías, discursos políticos con mayúscula. Discursos sobre la trata de personas, el trabajo esclavo o lo que él llama la cultura del volquete, que esa política de "descartar" a la gente que quedó fuera del sistema...
–¿Qué postura tenían frente a la Iglesia al momento en que aparece Francisco?
MRA: –Yo me eduqué en colegio religioso, pero no soy practicante. Y la postura que tenía es de preocupación. Porque se trata de una institución de dos mil y pico de años y lo que veías era mucha corrupción, obispos que protegen a curas pedófilos, manejos financieros turbios en el banco del Vaticano, lavado de dinero, cuentas cifradas. Cosas que a uno le molestan de cualquier país y mucho más de la Iglesia Católica porque contradice totalmente los principios del Evangelio. Es irritante ver a un obispo o a un cardenal andando en un Mercedes Benz o en una 4x4. O enterarte de que tienen un piso en el barrio de moda de Roma.
WQ: –Yo, como hijo de padres separados, lógicamente fui a parar a un colegio de curas: el Lasalle de Benavídez. Pero antes estuve en un colegio de monjas. Y ahí viví muchas cosas. Por ejemplo, una monja que se llamaba Celina que se arremangaba la sotana, iba al arco y atajaba para nosotros. Le tirabas la pelota al ángulo y la monja volaba y la atajaba. Recuerdo que nos levantábamos de madrugada e íbamos a misa, después a desayunar, después a clases y después a misa otra vez. Imaginate que entre la mirra, el incienso y las letanías llegábamos a momentos de exaltación que me parecía que estábamos a cuatro metros del suelo. Éramos chicos de 8 o 9 años. Todo eso me enseñó algo muy importante: que no es necesario ir a la iglesia. Yo soy católico, cristiano. Y pienso que cada uno en sí mismo debe ser una iglesia; debe saber cuándo está haciendo las cosas bien o mal. Si necesitás que te estén controlando es que hay algo que no funciona. Entonces: no me confieso hace mil años, no comulgo, pero estoy tranquilo con mi conciencia. Conmigo mismo.
–¿Los cambió en algo su relación con la Iglesia lo hecho y generado hasta ahora por el Papa?
WQ: –Es difícil. Porque no sé hasta qué punto me cambió y hasta qué punto no. Porque siento que sigo siendo el mismo. Por ejemplo: yo ahora escucho la música que quedó del documental y me emociona. Estuvimos ensayando todas estas semanas pasadas y verles las caras a los muchachos y a los músicos que están ensayando con nosotros, ver cómo disfrutan, es el premio mayor. No hay nada que pueda ser superior a eso. Me cambió en ese sentido. Me siento pleno. Realizado.
MRA: –A mí me dio esperanza. El cambio que está haciendo Bergoglio en la Iglesia, que no pasa sólo por la retórica, no es poco. Por ejemplo, el freno a la invasión siria, que tenía día y hora, es real. Lo logró haciendo lobby con los cardenales yanquis que lo habían elegido. Tampoco es retórica lo de Cuba o lo de Lampedusa, al sur de Italia, donde un barco por iniciativa del Papa ahora recorre las costas para recoger la gente que corre riesgo de morir ahogada. Lo mismo el aumento a las penas del código vaticano por corrupción o pedofilia. Y todo esto con gran resistencia interna.
–Ya van dos años de "explosivo" Papado. ¿Esperan más?
MRA: –Creo que está cumpliendo con todo. Está autocriticando su propia corporación.
WQ: –Yo también veo y estoy consciente de todo eso. Sólo quiero remarcar lo que Francisco siempre dice: recen por mí. Yo lo hago todas las noches.
MRA: –Yo hace mucho que no rezo. Muchos años.
WQ: –Yo rezo por él y rezo por mí. De hecho, al Padre Nuestro le agregué un verso que inventé: "líbranos de todo mal porque tuyos son el poder y la gloria". Como dije antes, tuve una infancia que no fue muy feliz pero una adultez que sí. Pienso que he sido premiado.
MRA: –Es muy lindo lo que decís, Willy, y te envidio que seas creyente porque a veces uno en los momentos difíciles se siente solo.
WQ: –Tiene que ver con lo que aprendí en el colegio de curas: que hay que ser, no parecer.
MRA: –En ese sentido, me gusta la frase del rabino Daniel Goldman cuando destaca la actitud siempre sonriente de Bergoglio que antes no conocíamos de él: "Tiene que ver con el gozo religioso que tiene alguien con la posibilidad de transformar el mundo", dice. Ojalá que así sea. «
sobre la estética audiovisual
La elección del director.
–Más allá de tu extensa experiencia previa como realizador, ¿tuviste algún modelo estético a la hora de encarar el documental?
Arias: –Si tengo que nombrar un referente para mis trabajos nombro a Herzog. He visto todos los documentales de él. Y, por ejemplo, en mi biografía de Pérez Celis que se va a estrenar en septiembre, hay muchas cosas de él. De hecho cuenta con un prólogo que refiere a su película de las pinturas rupestres. Pero para esta película sobre Bergoglio debimos buscar un tratamiento más tradicional, sin excluir la emoción, claro. Era necesario que fuera de sencilla comprensión porque se trata del Papa y va a haber mucha gente que la va a ver. Entonces: hay planos recursos pero no un tratamiento revolucionario de la imagen.
"fue un desafío y una linda responsabilidad"
–Desde el punto de vista estrictamente musical, ¿cómo fue la puesta en común con tus compañeros de banda?, ¿hubo referencias musicales a seguir?
Quiroga: –En mi caso se da el tema de que siempre fui muy abierto con la música. Soy del cuarenta. Empecé con el tango y el folklore. A los 12 conocí a Elvis y los Halley. Pero a los 17, cuando estaba en un colegio nocturno porque tenía que trabajar durante el día, un compañero veterano me llevó a ver un concierto sinfónico que daban gratis en la facultad de Derecho. Esa noche habían programado Titán de Gustav Mahler con dirección de Dean Dixon. Y cuando vi a esos 50 músicos tocando esa pieza fue un galope tremendo para mí. Me marcó para siempre. Ahí empecé la mezcla de rock y música clásica en mi formación.
–En la banda de sonido aparecen piezas de inspiración medieval, pero también aires de otras músicas de la región. ¿Cómo fue el proceso compositivo?
–Todo empezó poniendo las manos sobre el teclado y jugando las primeras melodías que nos iban surgiendo. Aparecieron influencias de Tchaikovsky, Stravinsky y Korsakov. Gardellini tocó una mandolina por primera vez en su vida. Fue un trabajo que nos llevó un tiempito y que nos tuvo muy concentrados, la verdad. Respecto a los otros géneros que nombras Miguel (Rodríguez Arias) fue muy claro: "Acordate que el Papa es de Buenos Aires", nos dijo. Y fue así que convocamos a un bandoneonista, a un tecladista, a dos coristas y a otros músicos que nos aportaron elementos para poder contar en la banda de sonido con un tanguito, una tarantela o una batucada. Por suerte gustó porque se trató de un desafío y una linda responsabilidad.